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Ruta por la Zona Colonial

Ness

3 min de lectura

Pareja caminando por una calle antigua de piedra

La Zona Colonial de Santo Domingo es uno de esos lugares a los que vuelvo cuando necesito bajar el ritmo. Sus calles de piedra, sus balcones llenos de flores y el sonido de las campanas de la catedral tienen algo que me obliga a caminar despacio. No voy a hacer turismo; voy a respirar. Y esta vez quise hacerlo con una ruta pensada para quien, como yo, necesita volver a mirar con calma.

Empecé temprano, antes de que el sol apretara, en el Parque Colón. A esa hora las palomas son más que la gente y los cafés apenas están abriendo. Me senté en un banco con un café pequeño y me di diez minutos para no hacer nada. Parece poco, pero diez minutos sin teléfono, solo mirando cómo se despierta una plaza, son un regalo que casi nunca nos damos.

El recorrido

Desde el parque caminé por la calle El Conde hasta la Puerta del Conde, sin prisa, entrando en las librerías de segunda mano y mirando las pinturas que los artistas cuelgan en las paredes. Luego bajé por la calle Las Damas, la primera calle empedrada de América, donde el silencio de las piedras antiguas contrasta con el ruido de la ciudad moderna que está a pocas cuadras.

  • Parque Colón y la Catedral Primada, a primera hora.

  • Calle El Conde, con parada en una librería de segunda mano.

  • Calle Las Damas y la Fortaleza Ozama.

  • Plaza de España al atardecer, frente al Alcázar de Colón.

Caminar despacio es una forma de decirle al cuerpo que ya no estamos huyendo.

En la Fortaleza Ozama subí a la torre y me quedé un buen rato mirando el río. Pensé en todas las personas que miraron ese mismo paisaje hace siglos, con sus miedos y sus esperanzas. Hay algo reconfortante en saber que otros también se sintieron perdidos y aun así siguieron caminando. La historia, vista desde una torre, se siente menos como un libro y más como una compañía.

Para cerrar el día

Terminé en la Plaza de España justo cuando el cielo se ponía naranja. Los músicos empezaban a tocar y las familias salían a pasear. Me senté en el borde de la plaza y escribí en mi libreta tres cosas que había visto ese día y que no quería olvidar: una niña bailando sola, un señor dándole de comer a los gatos y una ventana azul con una planta de albahaca.

No necesitas viajar lejos para encontrar calma. A veces basta con recorrer tu propia ciudad con otros ojos, como si fuera la primera vez. Si vives cerca de la Zona Colonial, te invito a hacer esta ruta un domingo temprano. Y si vives lejos, busca tu propia calle antigua, esa que siempre ves de pasada, y dale una mañana entera. Después me cuentas en el live qué encontraste.

Etiquetas
  • #república dominicana
  • #viajes
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