Saltar al contenido

Mi primera clase de cerámica

Ness

3 min de lectura

Mujer sonriendo con las manos llenas de barro

Llevaba meses diciendo que quería aprender algo con las manos. Algo que no tuviera nada que ver con pantallas, mensajes ni correos. Una amiga me habló de un taller pequeño de cerámica cerca de su casa, con clases los sábados en la mañana, y sin pensarlo mucho me inscribí. Llegué nerviosa, con ropa vieja y la sensación de que iba a hacerlo todo mal.

La profesora nos recibió con té de jengibre y una sonrisa tranquila. Éramos seis personas, todas principiantes. Nos explicó que el barro tiene memoria: recuerda cada presión, cada duda, cada movimiento brusco. Por eso, dijo, lo primero que hay que aprender no es la técnica, sino la paciencia. Me reí por dentro, porque la paciencia es justo lo que más me cuesta.

El torno y yo

Mi primer intento en el torno fue un desastre. El barro se me iba hacia un lado, se deformaba, se caía. Cada vez que creía que lo tenía, la pieza se desplomaba. Al cuarto intento estaba frustrada y con las manos llenas de barro hasta los codos. La profesora se acercó, me puso las manos encima de las mías y me dijo que dejara de pelear con el barro y empezara a acompañarlo.

Lo imperfecto también es bonito cuando dejamos de pedirle que sea otra cosa.

Esa frase me acompañó toda la semana. Me di cuenta de que peleo con muchas cosas en mi vida: con mi cuerpo, con mis emociones, con los tiempos de los demás. Quiero que todo tome forma rápido y como yo espero. Pero el barro, igual que la vida, tiene su propio ritmo. Cuando lo acompañé en lugar de forzarlo, por fin salió un cuenco pequeño, torcido y precioso.

Lo que me llevé de esa primera clase:

  • Las manos también piensan cuando la cabeza se calla.

  • Equivocarse es parte del proceso, no una señal para rendirse.

  • Hacer algo lento en un mundo rápido es un acto de cuidado.

Lo que viene

Mi cuenco torcido está ahora en la mesa de noche, con algunos anillos y una vela pequeña. Cada vez que lo miro recuerdo que no tiene que ser perfecto para ser mío. Voy a seguir yendo al taller, aunque todavía no sepa hacer un plato derecho. Quizás nunca lo aprenda del todo, y está bien. No voy para ser experta; voy para darme permiso de ser principiante.

Si tú también llevas tiempo queriendo aprender algo nuevo, este es tu recordatorio: no esperes a sentirte lista. Nadie se siente lista la primera vez. Ve con ropa vieja, con miedo y con curiosidad, y deja que las manos hagan lo suyo. Después me cuentas en el live qué hiciste y cómo te sentiste. Yo te enseño mi cuenco torcido si tú me enseñas lo tuyo.

Etiquetas
  • #cerámica
  • #manos
Compartir

Hola, soy Ness

Escribo para sentir, sanar y volver a vivir. Cada noche a las 10 te espero en el live.

Los comentarios llegan muy pronto

Mientras tanto, cuéntamelo en el live de las 10:00 PM.

Sigue leyendo

  • Pareja caminando por una calle antigua de piedra
    Rutas

    Ruta por la Zona Colonial

    Una caminata lenta por las calles más antiguas de Santo Domingo para volver a mirar con calma.

    3 min de lectura

  • Manos abiertas al atardecer
    Reflexiones

    Aprender a soltar

    Soltar no es olvidar: es dejar de cargar lo que ya no me toca llevar.

    3 min de lectura