Bahía de las Águilas está lejos de todo, y justo por eso vale la pena. Para llegar hay que cruzar medio país hacia el suroeste, pasar por Pedernales y luego tomar un bote o un camino de tierra que parece no terminar nunca. Durante el viaje pensé varias veces que me había equivocado, que era demasiado esfuerzo para ver una playa. Y luego vi el amanecer, y todo tuvo sentido.
Salimos de madrugada desde el pueblo de Cabo Rojo, cuando todavía estaba oscuro. El pescador que nos llevó en su bote casi no hablaba, pero sonreía cada vez que una ola nos mojaba. Yo iba en silencio, con la chaqueta cerrada, mirando cómo el cielo pasaba del negro al azul profundo. Hay un momento, justo antes de que salga el sol, en el que todo parece contener la respiración.
La espera
Llegamos a la orilla y nos sentamos en la arena fría. No había nadie más, solo el ruido del agua y algunas aves que empezaban a despertarse. Esperar el sol es un ejercicio de paciencia que casi nunca practicamos. Estamos acostumbradas a que todo llegue rápido: los mensajes, las respuestas, los resultados. El sol, en cambio, llega cuando tiene que llegar, y no hay nada que podamos hacer para apurarlo.
La calma no se encuentra al llegar; se aprende en el camino, un kilómetro a la vez.
Cuando por fin apareció, el agua se volvió de un turquesa imposible y la arena se puso casi blanca. Me quedé quieta, sin sacar el teléfono, tratando de guardar ese momento en la memoria y no en una foto. Después sí tomé algunas, claro, pero ninguna se parece a lo que sentí. Hay paisajes que solo existen de verdad cuando los miras con el cuerpo entero.
Si piensas ir, estas son algunas cosas que aprendí:
Lleva agua, comida y protector solar: allí no hay tiendas.
Respeta el parque nacional y no dejes nada en la arena.
Ve con alguien del pueblo que conozca el mar y el camino.
Reserva tiempo para no hacer nada; es la mejor parte del viaje.
De regreso, cansada y con la piel salada, pensé en todas las veces que quise llegar a algún lugar de mi vida sin pasar por el camino. Quería estar sanada sin atravesar el dolor, quería estar en paz sin hacer las paces. Bahía de las Águilas me recordó que el camino largo también es parte del regalo. Sin la madrugada, sin el bote y sin el frío, el amanecer no habría sido el mismo.
Hola, soy Ness
Escribo para sentir, sanar y volver a vivir. Cada noche a las 10 te espero en el live.
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