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Aprender a soltar

Ness

3 min de lectura

Manos abiertas al atardecer

Hay días en que la mochila pesa más de lo normal. No porque haya metido algo nuevo, sino porque llevo meses cargando cosas que ya no me pertenecen: conversaciones que no terminaron como yo quería, personas que se fueron sin despedirse, versiones de mí que intenté sostener aunque ya no me quedaban. Durante mucho tiempo creí que aguantar era una forma de amor. Hoy sé que a veces es solo miedo con otro nombre.

Soltar me costó entenderlo porque lo confundía con rendirme. Pensaba que si dejaba ir algo era porque había fallado, porque no había luchado lo suficiente. Y es curioso, porque nadie me enseñó a soltar, pero todo el mundo me enseñó a aguantar. Aguanta en el trabajo, aguanta en la relación, aguanta las ganas de llorar en público. Aprendí tan bien a aguantar que olvidé preguntarme para qué.

Lo que aprendí

La primera vez que solté de verdad fue casi sin darme cuenta. Estaba ordenando el cuarto y encontré una caja con cartas viejas. Las leí una por una, lloré un poco, me reí otro poco, y al final me di cuenta de que ya no necesitaba guardarlas para recordar lo que viví. Lo vivido ya estaba en mí. La caja solo ocupaba espacio. Ese día entendí que soltar no borra la historia; solo le quita el peso.

Soltar también es amar: es confiar en que lo que fue bueno ya me cambió para siempre.

Desde entonces practico soltar como quien practica un idioma nuevo: con errores, con días buenos y días en que vuelvo a agarrar lo mismo de siempre. Y está bien. No se suelta de una vez y para siempre. Se suelta un poquito cada día, en cosas pequeñas, hasta que un día notas que respiras distinto.

Estas son algunas preguntas que me hago cuando siento que estoy cargando de más:

  • ¿Esto que sostengo me cuida o solo me distrae de lo que me duele?

  • ¿Estoy esperando una disculpa que probablemente nunca va a llegar?

  • ¿Qué haría hoy si ya me hubiera dado permiso de seguir?

Lo que sigo aprendiendo

Todavía hay cosas que me cuesta dejar ir. Hay personas que extraño aunque sé que no me hacían bien, y hay sueños que no se cumplieron y que a veces vuelvo a mirar con nostalgia. No me juzgo por eso. Soltar no significa dejar de sentir; significa dejar de pelear con lo que siento. Cuando dejo de pelear, el dolor se vuelve más suave, casi como una ola que llega y se va.

Si estás en ese lugar donde todo pesa, quiero que sepas que no estás sola. Nadie llega a soltar leyendo un artículo, tampoco este. Pero a veces una palabra, una conversación o un live a las diez de la noche nos recuerdan que podemos intentarlo otra vez. Esta noche hablamos de esto en el live. Trae tu mochila, que la abrimos juntas, sin prisa y sin juicio.

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  • #soltar
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Escribo para sentir, sanar y volver a vivir. Cada noche a las 10 te espero en el live.

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Mientras tanto, cuéntamelo en el live de las 10:00 PM.

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