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Cartas que nunca envié

Ness

3 min de lectura

Tengo una libreta azul donde guardo las cartas que nunca envié. No son muchas, pero cada una tiene su peso. Hay una para mi abuela, que se fue antes de que pudiera decirle cuánto aprendí de sus manos en la cocina. Hay otra para una amiga con la que dejé de hablar sin saber muy bien por qué. Y hay una para mí, la de hace diez años, que no sabía que todo iba a estar bien.

Empecé a escribirlas por consejo de alguien que me dijo que las palabras que no decimos se quedan dando vueltas en el cuerpo. Al principio me pareció exagerado, pero luego me di cuenta de que tenía razón. Había frases que repetía en mi cabeza cada noche antes de dormir, conversaciones enteras que ensayaba con personas que ya no estaban. Escribirlas fue como abrir una ventana.

Por qué no las envío

Mucha gente me pregunta por qué no las mando. La respuesta es sencilla: no las escribo para que las lean, las escribo para leerme yo. Cuando una carta tiene destinatario, empiezo a cuidar las palabras, a pensar en cómo va a reaccionar la otra persona, a suavizar lo que duele. Cuando sé que nadie la va a leer, puedo ser completamente honesta. Y esa honestidad es la que sana.

Hay cosas que no se dicen para que otro las escuche, sino para que una misma deje de cargarlas.

No todas mis cartas son tristes. Algunas son de agradecimiento, otras de rabia, otras simplemente de despedida. Una de mis favoritas es la que le escribí a la ciudad donde viví cuando era estudiante. Le di las gracias por las calles que me vieron perdida y por las esquinas donde me encontré. Nunca me había sentido tan en paz con una etapa de mi vida.

Si quieres intentarlo, aquí te dejo lo que a mí me funciona:

  • Escribe a mano, sin corregir, aunque la letra se tuerza.

  • Empieza por lo más fácil: un gracias o un te extraño.

  • Cuando termines, léela en voz alta una sola vez y guárdala.

Con el tiempo, la libreta azul se volvió un lugar seguro. No la abro todos los días, pero sé que está ahí. A veces releo cartas viejas y me sorprendo de lo mucho que he cambiado. Las heridas que parecían eternas hoy son cicatrices que casi no duelen. Y eso me recuerda que lo que siento ahora también va a pasar.

Escribir no reemplaza las conversaciones difíciles ni la ayuda que a veces necesitamos. Pero es un primer paso, uno pequeño y privado, que podemos dar esta misma noche con un lápiz y un poco de valentía. Si te animas, cuéntame en el live cómo te fue. No tienes que leer lo que escribiste; basta con que me digas cómo te sentiste después de hacerlo.

Etiquetas
  • #cartas
  • #sanar
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Escribo para sentir, sanar y volver a vivir. Cada noche a las 10 te espero en el live.

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